Ad Astra Per Aspera

Es una frase en latín que me persigue últimamente. La vi por primera vez el año pasado en Kansas, es su state motto, algo así como el eslogan estatal, y significa “a las estrellas a través de las dificultades”. Desde entonces me ha aparecido en libros, antigüedades, documentales, etc.

El 99.9% de las personas en el planeta están haciendo justo lo contrario, tratando de evitar las dificultades, buscando una vida cómoda y tranquila. Muy respetable, pero esa no es la esencia de la vida. Estamos aquí para probarnos a nosotros mismos, descubrir de lo que somos capaces, escalar montañas, explorar los mares, el cielo y, literalmente, como dice la frase, alcanzar las estrellas. En esa lucha están enfrascados los dos hombres más ricos del mundo, Jeff Bezos y Elon Musk, conquistar el espacio, llegar a Marte, poder salir del planeta en caso de ser necesario y no estar tan expuestos a la extinción como estamos ahora.

Por supuesto la mentalidad de estos nuevos hombres de hierro es muy diferente a la del resto de la población. Ellos buscan los problemas intencionalmente, no los evitan, los disfrutan, aprenden de ellos, los estimulan. No es masoquismo, es simple y sencillamente entender cómo funciona la vida. En la naturaleza todo lucha, desde las partículas más pequeñas, pasando por los animales hasta las galaxias enteras. Y todo lo hace en forma de espiral, es la manera que tenemos de crecer, de evolucionar. Incluso los robots aprenden de la misma forma. Son cuatro pasos muy sencillos: intentar, equivocarse, ajustar y volver a intentar. Hay quien le llama OODA a ese proceso también: observa, oriéntate, decide y actúa. La esencia es la misma, igual son cuatro pasos muy simples y eficientes.

Los únicos que estamos fuera de sintonía con ese patrón universal de la naturaleza somos los humanos, porque cuando intentamos y nos equivocamos, en vez de ajustar nos frustramos, lloramos, nos quejamos y nos victimizamos. La vida es “cruel” con todos por igual, a cada santo le llega su muertito como dicen por ahí, y si no pagamos las cuotas en abonos nos lo va a cobrar de contado, así funciona el asunto nos guste o no; pero nos lo tomamos personal, como dice Miguel Ruiz en Los Cuatro Acuerdos. Nuestro ego, nuestra importancia personal, recordando también a Carlos Castaneda y Don Juan, nos hacen creer que somos los únicos seres en el Universo sufriendo en este preciso instante, que somos especiales, que los dioses conspiran en contra nuestra.

Nada de eso es cierto, claro, pero nuestra percepción distorsionada de la realidad nos pinta ese paisaje desolador y oscuro. Desgraciadamente para algunos y afortunadamente para otros, en esta vida, aunque sea nuestro más ferviente deseo, no podemos ir de polizones. Si no ayudamos a remar, en automático estorbamos, nuestro mismo peso hace que los otros que sí van remando tengan que remar con más fuerza, y como no vamos haciendo nada pues nos aburrimos, y pues pa´ pasar el rato le empezamos a hacer unos hoyitos por aquí y por allá al barco, complicándoles aún más la cosa a los que sí reman.

La solución, por supuesto, es muy simple. Hay que remar, luchar, canalizar la energía que tenemos de forma positiva y no destructiva; ser estrellas, soles, galaxias, y no agujeros negros que arrastren hasta la misma luz con su oscuridad. Pero eso es una decisión personal, cada quien tiene que cambiar esa actitud destructiva en su momento, esperando que no sea demasiado tarde. Hay quienes nunca lo logran y se van de este mundo llenos de resentimientos y culpas. Es triste, pero cada persona decide lo que quiere hacer con su vida, y si experiencias difíciles como ésta (la pandemia) no nos hacen reaccionar y cambiar de actitud, honestamente no tengo idea de qué otra cosa pueda hacerlo.

Sé que hay gente que necesita el sufrimiento en su vida, el conflicto y la victimización. Personalmente no creo que sea necesario, me parece un gasto absurdo de energía. Habiendo tantos problemas reales y tangibles por resolver, gastar tiempo y recursos en conflictos imaginarios es inútil. Pero esta inmadurez o insensatez no ocurre sólo a nivel individual, también la tenemos colectivamente como países jóvenes e impulsivos que somos, peleando los rojos contra los azules o los verdes o del color que sean, queriendo imponer su opinión y sus ideas cada grupo o partido, igual que en nuestros matrimonios, amistades y sociedades de cualquier tipo. En eso gastamos toda nuestra energía. Como decía Louis Ferdinand Celine, “los hombres se aferran a sus cochinos recuerdos, a todas sus desgracias, y no se les puede sacar de ahí”.

¿Y qué deberíamos hacer entonces? ¿acaso existe solución? Sí, claro, y es muy sencilla. Lo primero y más importante es identificar el problema, el objetivo, y ubicarlo fuera de nosotros. Por ejemplo en este caso: sobrevivir al Covid. Punto. Ese es el objetivo y se hará todo lo que se tenga que hacer para lograrlo. El enemigo es el bicho y el objetivo es sobrevivir, ya está. Los doctores no son el enemigo, ellos están ahí para salvarte, no para chiquear, tienen mucho trabajo y hacen lo que pueden con lo que tienen. Y nosotros también, debemos hacer lo que podemos con lo que tenemos, como cualquier otro animal en la naturaleza. Seguir intentando, fallando, ajustando e intentando de nuevo sin parar.

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