Ser como el río

Cuando tenía 15 años escribí un poemita muy breve que ha definido el resto de mi vida. Tal vez te acuerdes que hasta imprimí algunas copias de un pequeño libro, si no mal recuerdo era el primero; puede que todavía ande por ahí alguna copia perdida.

Yo soy como el río, por el que todo fluye

nada sabe, nada quiere

mas todo lo intuye

Así me sentía en aquella época y así me siento ahora. Por eso me han gustado hobbies como la patineta, el parapente, el snowboard o los veleros… en todos ellos fluyes, te deslizas, no peleas con la vida o con las fuerzas de la naturaleza. Las aprovechas a tu favor, no entras en conflicto con ellas; nunca vas a ganar si te sigues peleando con la vida, somos pequeñas hormigas en el Universo y lidiamos todo el tiempo con fuerzas superiores, con el clima, con espíritus, con el gobierno, con los bancos. Es como intentar pelear con un alienígena que te lleva milenios de ventaja en evolución tecnológica. Simple y sencillamente no tiene caso.

Se nos inculcó desde niños esa loca idea de las jerarquías, las clases sociales, la división de roles de acuerdo a nuestro sexo… y eso desde luego crea conflicto, luchas de poder, resentimientos.

Decían los existencialistas que la vida no tiene sentido, hay que dárselo. Por eso decían también que estamos condenados a ser libres, porque hasta el no elegir ya es una elección. Nos aventaron a este mundo sin saber por qué ni para qué; no sabemos de dónde venimos ni hacia dónde vamos.

Es muy fácil caer en la depresión y la locura, yo lo sé porque he estado ahí. Decía Guy de Maupassant que no debemos estar solos porque empezamos a poblar el espacio vacío con fantasmas, y es cierto. Cuando estuve viviendo en Europa me pasó, por eso regresé, porque los monstruos en mi cabeza, los espíritus que invocas al escribir (por eso dejé de escribir un buen tiempo también, pero no podemos negar nuestros dones para siempre), se apoderan de ti y empiezas a no pensar con lucidez; confundes a tus mejores aliados con enemigos. Las voces en tu cabeza, los demonios o como prefieras llamarles, hacen eso, buscan enemistarte contra tus aliados. Son fieles creyentes del “divide y vencerás”.

A mí me decían que matara a mi compañero de departamento en Madrid, el español que me había ayudado cuando necesitaba mudarme del otro hostal. Por alguna razón siempre hacen eso, te enemistan con las personas que tratan de ayudarte, así que debes hacer un esfuerzo grande por no escucharlos. Si son sólo voces en tu mente o entidades reales fuera de ti, a efectos prácticos es lo mismo, tienes que luchar contra eso. Hay quien cree en demonios y espíritus y hay quien no cree en nada de esas cosas. Yo prefiero ser escéptico, pero sabes que me han pasado muchas cosas, incluso en Guanajuato una posesión demoníaca, de la cual yo no recuerdo absolutamente nada pero sí intenté atacar; los perros ladrando, cambios de voz y todo el show completo.

He tenido demasiadas experiencias “raras” como para ser 100% escéptico, me gustaría serlo porque soy una persona de números, de hechos, de probabilidades, pero no puedo negar todo eso que me ha pasado y seguro hay algo más de lo que alcanzamos a ver con nuestros ojos. Existen demasiadas teorías al respecto y no creo que valga la pena perder el tiempo discutiendo sobre si son espíritus o sólo voces en tu mente causadas por la falta de oxígeno. La cuestión es que debes hacer un gran esfuerzo por dejar de escucharlas, sea quien sea no te está haciendo ningún bien, te están enemistando contra las personas que más te quieren, las que estamos tratando de salvarte y ayudarte.

Fluye con la vida, no luches contra ella, nunca ganarás. Es una batalla que tenemos perdida desde el principio, algo así como empezar perdiendo por cuarenta y cinco goles un partido de fútbol. No hay posibilidades de ganar aquí, pero podemos pasarla bien el tiempo que nos queda; divertirnos, aprender, ser felices, enamorarnos, sanar nuestras heridas y encontrar un nuevo propósito en nuestras vidas.

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