Inception

No hay nada más poderoso que una idea, decía el personaje de Leonardo Di Caprio en esta película, y es cierto. Una vez que logra implantarse esa semilla en lo profundo de nuestra mente es muy difícil de remover, como un virus, un cáncer que empieza a corroernos lentamente por dentro. Claro, si la idea es algo negativo, por supuesto. Por el contrario, esas mismas ideas, cuando son positivas, han sido los motores de nuestra reciente evolución tecnológica. El creer que sí se pueden lograr mejores máquinas, sistemas políticos y económicos, religiones, etc.

Ahí radica el principio de lo que se conoce como PNL, o programación neurolingüística; no dejar que ideas nocivas se implanten en nosotros, y si ya están implantadas, sustituirlas por conceptos favorables. Es importante entender el concepto de la sustitución, porque las ideas negativas son como un vicio, muy similar al alcoholismo, tabaquismo o drogadicción. Es muy difícil que podamos dejar un vicio arraigado profundamente así como así, no imposible pero sí muy muy difícil. Lo mejor es buscar sustituirlo por algo más. Por ejemplo, si nuestra ansiedad nos orilla a fumar y queremos dejar el cigarro, la mejor opción es que tengamos alguna otra actividad que podamos realizar en su lugar, como practicar deportes, aprender nuevos oficios, idiomas, actividades artísticas, etc.

De esta manera es mucho más viable que podamos eliminar de nosotros esas ideas perniciosas y las sustituyamos por algo que nos beneficia. Todos sabemos que las drogas, el alcohol y el tabaco son dañinos para nuestra salud. Sin embargo, la mayoría de las personas consumimos alguna de estas sustancias, aun sabiendo que nos perjudican. ¿Por qué? Lo más probable es que haya empezado todo como una terapia, una válvula de escape a los asuntos de la vida cotidiana. Nos hace sentir bien, nos da un respiro, y si nos echamos una o dos cervezas o cigarros de vez en cuando no es tanto problema, pero es muy fácil perder el control. Hay gente que fuma dos o tres cajetillas por día, o que se emborracha sin parar. Eso por supuesto ya es diferente, y la línea es muy delgada entre controlar nosotros al vicio y que él nos controle a nosotros. Cruzamos esa línea sin darnos cuenta, porque la sensación de bienestar que antes nos producían dos cigarros ahora ya necesitamos tres, que pronto se convertirán en cuatro y ya se imaginan el resto de la historia ¿cierto?

Así que bueno, la solución es bastante sencilla de entender, pero obviamente no tan fácil de ejecutar. Hay que evitar a toda costa que se implanten ideas nocivas en nuestra mente, son semillas que crecen muy rápidamente y se convierten en verdaderos monstruos en menos de lo que canta un gallo. Y si ya se han metido en la cabeza dichas ideas perniciosas, la mejor manera de erradicarlas es sustituyendolas por algo más; cambiar un vicio por otro menos dañino.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *