Market Brujo

Capítulo 1

El mundo no es de nadie

I

El clima era terrible el día que conocí al Sr. López. Nos citamos a las 11 a.m. en downtown Dallas y llovía desde temprano. Nueve tornados golpearían diversos puntos del Metroplex más tarde. Toda nuestra comunicación había sido, hasta ese momento, vía e-mail. Yo respondí a uno de sus anuncios, publicado en Craigslist, solicitando un ayudante para su negocio de Real Estate. No sabía exactamente de qué se trataba el asunto, pero me interesaba aprender más sobre bienes raíces, así que decidí correr la apuesta.

Todo fue misterioso y confuso desde el principio. La información que me envió para encontrarnos llevaba a un enorme edificio repleto de oficinas vacías. El piso ocho parecía estar totalmente desierto, aunque justo al final del pasillo central una luz se asomaba entre las persianas. Estaba un poco indeciso, apenas eran las 10:45 y pensé que tal vez sería mejor esperar hasta las 11. Decidí tomar el elevador nuevamente hacia la planta baja, y cuando se abrió la puerta ahí estaba él.

Jamás olvidaré la impresión que me causó el Sr. López. Tiene una presencia aterradora y tranquilizante al mismo tiempo, una mirada penetrante como pocas. No podría decir que sus ojos son claros, pero tampoco demasiado oscuros. Casi siempre viste de gris, y ese día no era la excepción. Muy alto, rubio y de expresión fría, parece más ruso que hispano.

Qué bien que ya estás aquí, dijo. Acompáñame al auto, ya vamos retrasados para nuestra primera cita del día. Asentí con la cabeza y lo seguí hacia el Honda Accord blanco que se encontraba justo afuera del edificio, estacionado en el lugar de discapacitados.

It is not so far, dijo mientras encendía el coche. ¿Te gusta el barbecue? Contesté que sí mientras contemplaba por el parabrisas las gotas de lluvia resbalando suavemente. No quería dar demasiada información ni mostrar excesivo entusiasmo, pero la verdad me encontraba extasiado por dentro. Finalmente aprendería a fondo el negocio de los bienes raíces y, lo mejor de todo, con una auténtica leyenda local.

II

La personalidad de Mr. López era, por decir lo menos, controvertida. Mejor conocido en el mundo de los negocios como Market Brujo, era protagonista de múltiples demandas y pleitos legales. Se ganó a pulso la reputación de empresario e inversionista agresivo, pero fuera de eso, su vida era un misterio absoluto. No se sabía mucho sobre él o su familia, aparecía y desaparecía sin previo aviso. Hasta cierto punto es normal que los hombres de negocios viajen con frecuencia e intenten conservar su privacidad al máximo, pero un aura de intriga permanente rodeaba al Sr. López.

Se habían escrito libros y artículos sobre él, circulaban también infinidad de reportajes y documentales, pero no arrojaban ninguna luz sobre el enigma de su personalidad, ya que se contradecían unos con otros y en vez de aclarar algo sólo contribuían a incrementar el caos a su alrededor. Él parecía disfrutarlo. Sabía perfectamente que yo estuve investigando mucho sobre él antes de conocerlo. Tom Reynolds, la persona con quien tenía la cita, ya se encontraba en el restaurante BBQ cuando llegamos. De hecho ya estaba comiendo… fuimos a pedir algo nosotros también y nos sentamos con él. No hubo mucho preámbulo, él quería vender algunas de sus propiedades en remodelación y Mr. López buscaba comprar casas en la zona, al sur de Dallas para ser exactos, una de las pocas áreas en la ciudad donde todavía se pueden conseguir buenos deals de gentrificación.

Fue la primera vez en mi vida que escuché esa palabra, gentrification en inglés, idioma en el que se desarrollaba la conversación con Mr. Reynolds. Obviamente, él no hablaba español como nosotros y, por supuesto, el mundo de los negocios fluye mejor en inglés. Más tarde el Sr. López me explicaría que se trata de sectores de la ciudad en decadencia, por lo general con altos índices de criminalidad, pero que por su cercanía con otras zonas más desarrolladas, resultan atractivos para los inversionistas.

En resumen, me dijo, lo que nosotros buscamos, para no andar con rodeos, es quitarle sus propiedades a los negros, que muy frecuentemente no trabajan y menos aún pagan sus property taxes, para vendérselas a los hispanos, nuestra raza, la única que todavía trabaja de verdad en este país, tal vez junto con los asiáticos. Me pareció muy racista y de mal gusto su comentario, pero después entendería que, en efecto, la mayor parte del tiempo, justo de eso se trata el juego. Comprar casas es una de las pocas opciones de inversión para los indocumentados.

En gran medida, por lo que pude entender hasta ese momento, la ayuda que necesitaba Mr. López de parte mía se relacionaba directamente con este aspecto del negocio; ubicar las mejores propiedades en las peores partes de la ciudad, pero que estuvieran cerca de áreas menos deterioradas o conflictivas. De esta forma, siguiendo el camino de la gentrificación, era posible adquirir las viviendas a muy buen precio, renovarlas y venderlas con financiamiento, o incluso rentarlas, manteniendo la inversión a más largo plazo.

Parecía un modelo de negocio simple. Nada más alejado de la realidad. No tardaría mucho en descubrir lo complicado que puede resultar el adquirir este tipo de propiedades y restaurarlas a un punto que sean vendibles. Surgen todo tipo de inconvenientes con el papeleo, la cimentación, el techo, la pintura, electricidad, plomería, etc., y todo cuesta mucho dinero. La mano de obra en USA es muy cara, y los materiales tampoco son baratos. Pero sí, sabiendo hacerlo, es un negocio muy rentable, hay mucha gente metida en eso y no es un secreto para nadie que la mayoría de las grandes fortunas, incluyendo la del flamante presidente Trump, se han conseguido a través de Real Estate.

La reunión con Mr. Reynolds duró poco, al parecer no llegaron a un arreglo en el precio ese día. Nos despedimos y subimos de nuevo al Accord blanco. La lluvia paró durante algunas horas y aprovechamos la tregua para visitar una casa con potencial de compra que ya tenía ubicada el Sr. López.

III

Aquí es donde todo comienza a ponerse realmente extraño. Bajamos del auto frente a una casa blanca que parecía estar a punto de caerse. Mr. López inspeccionó algunos cables de luz y me explicaba los detalles importantes que se necesitan revisar para considerar la compra de una vivienda de este tipo. Aquí todo parece, pero no es, me dijo. Estas casas son de papel. Comparadas con nuestras casas de cemento y ladrillo en México, estas porquerías son casitas de muñecas que al primer soplo se derrumban. Yo escuchaba con atención su voz profética, parecía que supiera lo que iba a ocurrir más tarde con los tornados, precisamente en esta zona, y se relamía los bigotes de cazador, esperando para atacar a la presa herida.

Algunos negros observaban nuestros movimientos a la distancia. Toda la gente que vimos en esa calle era de raza negra, a excepción de un grupo de tres homeless blancos, viejos harapientos que buscaban algo de valor en la basura. El cielo se oscurecía cada vez más, pero ya no llovía. Una calma perturbadora se apoderaba del ambiente, esa calma traicionera que precede a la peor de las tormentas.

Seguimos inspeccionando el exterior de la casa, Mr. López me explicaba que también la cimentación es muy importante. Salvo contadas excepciones, una vivienda con problemas de cimentación es prácticamente un no rotundo, ya que resulta muy caro de reparar y por supuesto afecta estructuralmente al resto de los componentes como roofing, siding y demás.

Parecía que la casa estaba desocupada desde mucho tiempo atrás. Las ventanas se encontraban cubiertas con tablas, pero la puerta principal estaba abierta. Yo, por supuesto, aún tenía cierto temor a entrar sin permiso y que alguien saliera con una pistola o un cuchillo, pero Mr. López entró como si fuera ya su casa. No me quedó más remedio que seguirlo hacia el interior de esa cueva semi-destruida. La madera crujía a cada paso, y el tronar de las tablas se confundía con los relámpagos del exterior, que ya empezaban a confirmar los peores pronósticos del clima.

El monstruo había llegado. La oscuridad dificultaba mucho el desplazarse entre los pasillos, así que El Brujo encendió la lámpara de su teléfono para iluminar el camino. Pude ver con claridad los grafittis en las paredes. Había símbolos extraños por todas partes. Empecé a marearme… el olor a humedad y excremento era insoportable. Y de repente ocurrió. Un golpe intenso en mi espalda, cerca del hombro izquierdo, es lo último que recuerdo.

IV

¿Estoy muerto?, pregunté. No hubo respuesta… ¿estoy soñando? Parecía una típica escena de película, la habitación completamente iluminada con una luz blanca intensa, aunque no había ningún foco a la vista. El Brujo apareció de nuevo, pero su vestimenta gris había desaparecido y ahora su traje era igual de blanco que el resto del lugar. Me recordó al famoso coronel Sanders, pero no dije nada al respecto. Tal vez transcurrieron diez o quince segundos incómodos de silencio. Yo estaba tendido en el piso y no sentía ningún impulso de levantarme.

La primera lección que tienes que aprender es ésta, dijo El Brujo mientras caminaba a mi alrededor. El mundo no es de nadie. Recuérdalo bien, y repítelo cuantas veces sea necesario. El mundo no es de nadie, así que puedes tomar de él lo que tú quieras. Es la verdad más evidente y que escapa a la comprensión de la mayoría. Los conquistadores de todas las épocas lo han sabido. Lo supieron Cristóbal Colón, Julio César, Alejandro Magno, pero también lo supo Hugo Chávez y por eso tomó Venezuela sin complicaciones. Lo han sabido todos y cada uno de los locos que han pisado esta Tierra, incluyendo a AMLO por supuesto.

Esto es un juego… un sueño, una película, un libro. El mayor miedo de las personas, el único miedo que en verdad existe, el miedo a la muerte, es lo más absurdo. ¿Recuerdas a Calderón de la Barca? La vida es sueño. Morir es el más intrascendente de los accidentes. Tan sólo es despertar en otro lado, Artemio. Sentí un escalofrío terrible cuando pronunció mi nombre. Era la primera vez que lo hacía, y en el estado de conciencia en que me encontraba, incluso para mí resultó extraño escuchar mi propio nombre. Lo había escrito tantas veces, aparecía en mi licencia de conducir y en todas las identificaciones, pero no sonaba real, no parecía que fuera yo Artemio Díaz, el mismo que de joven soñaba con ser escritor y terminó siendo de todo, menos escritor.

O tal vez sí fui escritor. Recuerdo que edité una revista durante dos años en Guanajuato. Se llamaba Cuévano, en honor a Jorge Ibargüengoitia. También escribí artículos en otras revistas y periódicos, me inscribí en la Facultad de Filosofía en la Universidad de Guanajuato y cursé algunos semestres. Viajé por Europa recorriendo bibliotecas y librerías como maníaco, leyendo hasta cuatro o cinco libros por día en ocasiones. Emborrachándome y drogándome hasta la perdición. Enloqueciendo con los existencialistas como Camus y El Extranjero o Sartre y La Infancia de un Jefe, pero también con los poetas malditos, Baudelaire y sus Fleurs du Mal, Rimbaud, Lautreamont… Apollinaire y sus Caligramas, Pavese y Papini, pero sobre todo Pessoa y su Libro del Desasosiego.

En algún lugar deben estar guardados muchos poemas y cuentos breves que escribí cuando era joven, casi un niño. Yo soy como el río, por el que todo fluye, nada sabe nada quiere, mas todo lo intuye. Yo mismo edité esos libros. En esa época leía a Bukowski, a Burroughs y a muchos otros de la generación beat. Ahora estoy en su tierra natal. No entendía por qué Charles Bukowski, el borracho empedernido, había dejado de escribir y se había vuelto cartero. Pensé que eso jamás me iba a pasar a mí, la literatura era mi vida, no podía vivir sin leer y escribir intensamente. Y sin embargo hice lo mismo, abandoné la literatura durante muchos años, e igual que Bukowski, preferí dedicarme a oficios alternos. He sido pintor de casas, programador, piloto de aviones, drones, planeadores y ultraligeros… tuve también un negocio de publicidad, impresión y rotulación por computadora.

El escritor es alguien que escribe, pero también vive. ¿Fue Hemingway quien lo dijo? Para escribir sobre la vida hay que vivirla primero. Pero yo sólo quería dedicarme a escribir, no buscaba más que un empleo mediocre que me permitiera tener el tiempo necesario para leer y escribir a mi antojo, mientras ganaba algunos pesos. Por supuesto, la vida tenía otros planes para mí. En la ciudad de León, donde crecí y estudié hasta la preparatoria, me ofrecieron encargarme del área de computadoras, que ellos llamaban Autoedición, en un centro de copiado llamado Copiroyal, franquicia ahora extinta. Fue mi primer negocio formal, a los diecisiete años. Ni siquiera podía darme de alta en Hacienda, tuve que esperar unos meses. Antes había vendido dulces en la escuela, lavado coches en mi fraccionamiento y, por supuesto, mi negocio favorito: vender acordeones para los exámenes en preparatoria.

Las computadoras empezaban a tomar impulso apenas, pero ya me las ingeniaba para conseguir las respuestas a los exámenes con los alumnos de grados superiores y editarlas en el procesador de texto del ordenador. Los maestros holgazanes no cambiaban nunca sus pruebas, así que lo único que tenía que hacer era reducir la información a un pequeño pergamino, imprimiendo con letra muy pequeña y montando el rollo de respuestas sobre tubos diminutos. Al final, un forro de plástico facilitaba el poder manipularlo con una sola mano, para así poder escribir con la otra. Era muy difícil que los maestros lo detectaran, y las respuestas casi siempre eran precisas, así que tenían mucha demanda. Los vendía muy bien, e incluso los alquilaba sólo durante el examen si a alguien no le alcanzaba para pagarlo.

Desde chico fui comerciante. Pero también he sido artista, y al final la vida ha tirado de mí en diferentes direcciones. No terminé una carrera profesional porque jamás pude escoger solamente una cosa. Quería estudiar arquitectura o ingeniería, pero también me interesaban mucho las computadoras y los sistemas. Por supuesto ahí estaba también la literatura, pero acabé con un negocio de diseño gráfico mientras estudiaba aviación en la escuela de vuelo de mi padre, que es controlador de tráfico aéreo.

Todo esto pasaba por mi cabeza rápidamente, como flashbacks esporádicos, mientras El Brujo seguía caminando a mi alrededor. A mí también me gustan la literatura y los aviones, dijo con una voz más ronca de lo normal. Esto me regresó de golpe a la habitación blanca donde estábamos… mi mente divagaba, hurgando en los recuerdos, y me resultaba muy difícil orientarme. Fue una sensación muy similar a cuando despertamos y no sabemos si aún estamos soñando. Comencé a ver luces rojas ondulantes frente a mí. Es la frontera entre los mundos, dijo El Brujo, tenemos que regresar, no es seguro estar aquí, los aliados ya están cerca.


Capítulo 2

No inspires. Eficienta.

I

Simplemente desperté al día siguiente en mi habitación, al sur de Fort Worth, sin recordar cómo regresé desde Dallas la noche anterior. Prendí la televisión y en los canales de noticias transmitían imágenes de la devastación causada por los tornados. Techos completos desprendidos, vehículos volteados y escombros por todas partes. ¿Cómo demonios llegué hasta aquí sin un rasguño?

Mi esposa ya se había ido a trabajar, después de llevar a nuestra hija a la escuela. Desayuné un poco de pan con café mientras intentaba recordar la última parte del día anterior. Los flashbacks continuaban apareciendo, pero no estaba muy seguro de que fueran parte de la realidad o de mis sueños.

El Brujo continuó hablando, pero ya no estábamos en la casa. Habíamos salido de nuevo a la calle, en una de las áreas de mayor tráfico en Dallas. Mientras observábamos los enormes distribuidores viales, puentes atirantados y demás, me preguntó, ¿de quién crees que es todo esto? La primera respuesta que se me vino a la mente fue del gobierno, pero seguía dudando. ¿Y quién creó al gobierno?, preguntó de nuevo, adivinando mis pensamientos. ¿Quién creó las reglas? ¿de verdad eres tan ingenuo como para creer que vino Dios en persona a entregarle a Moisés las tablas de la ley?

La gente que ideó todo esto tiene mucho tiempo de haber partido. Todos, absolutamente todos están muertos. Cierto, tal vez sus nietos o bisnietos aún viven, pero la mente maestra ya no está. Piénsalo por un momento… todas las calles, semáforos, puentes, parques, camellones y demás espacios públicos, no son de nadie… por eso son espacios públicos ¿verdad? Pero se construyen y mantienen con nuestros impuestos, dinero que proviene de los property taxes, income taxes, sales taxes and all kind of taxes.

Cualquiera puede usar dichos espacios, incluso los homeless que ves ahí durmiendo bajo los puentes o en las bancas de los parques, y no pagan ni un centavo de impuestos, pues viven totalmente fuera del sistema. Por lo tanto, ellos reciben del sistema mucho más de lo que dan, ya que tienen derecho a usar los espacios públicos como cualquier otra persona, y el sistema no tiene manera de cobrarles nada, ya que al no tener propiedades como una casa o un vehículo, no hay manera de espantarlos amenazando con quitárselos. Hablando en términos legales, no se tiene una garantía.

Es una auténtica epidemia en las grandes ciudades como Dallas, Los Angeles, Denver, Chicago o Nueva York. Por supuesto que hay otros problemas involucrados, como drogadicción, alcoholismo y todo tipo de enfermedades mentales. Pero el sistema no hará nada, a menos que cometan un delito grave, porque si bien no producen gran cosa vagabundeando, tampoco quitan tantos recursos como cuando se les encarcela y hay que pagarles su comida, celda, cobijas, etc. Así que bueno, no importa demasiado que usen gratis el alumbrado público.

Ahora vayamos al otro extremo del espectro. Las grandes compañías como Amazon o Walmart han podido forjar las mayores fortunas en la historia de la humanidad gracias al mismo principio. Le quitan al sistema mucho más de lo que le dan. Utilizan lo público, calles, carreteras, aeropuertos, vías férreas, Internet, red eléctrica… todo lo que sirva para distribuir sus productos y servicios. Claro, ellos sí pagan impuestos y aportan al sistema creando empleos, entre otras cosas, pero lo que obtienen del sistema es mucho más de lo que dan.

No es muy diferente con los narcos en México. Si no fuera por las creaciones previas de nuestros ancestros, carreteras, telecomunicaciones, aviones, maquinaria para hacer túneles… el trasiego de estupefacientes no podría ser tan eficiente. Hay quienes deciden utilizar la vía pública para poner un puesto de gelatinas y ganar unos pocos pesos, y hay quienes prefieren utilizarlas para mover drogas y ganar millones. Todo depende de tu derecho de merecimiento, tu ambición y tu tolerancia al riesgo.

Entonces, ¿quién paga la fiesta? La respuesta era obvia, clase media por supuesto. ¡Bingo!, dijo El Brujo, elemental mi querido Watson, así ha sido y así será por un buen tiempo, mientras siga vigente el paradigma actual. Seguíamos caminando hacia la zona de oficinas en downtown Dallas, y mientras señalaba moviendo de manera exagerada los brazos hacia los múltiples ejecutivos vestidos de traje, continuó hablando efusivamente. Son estos amables señores los que pagan la fiesta, por supuesto. Zombies, muertos en vida cagados de miedo por perder la casa o el auto de sus sueños. Seres intrínsecamente inseguros, que necesitan cubrir sus falencias con ropa de marca y relojes finos. Si no puedes espantar a alguien no puedes controlarlo, recuerda eso también.

Sí, la respetable y mágica clase media, con sus adicciones y sus tarjetas de crédito al tope, es la base de toda sociedad moderna que se respete. Mientras más gente logres meter a sus filas mucho mejor por los demás… más clientes potenciales tendrán los grandes conglomerados, las compañías de seguros, los vendedores de autos, agentes de bienes raíces, farmacéuticas y un sinfín de proveedores de servicios. El gobierno los adora, son su alimento preferido. También los vagabundos les estarán agradecidos por mantener en buen estado los parques y puentes donde viven… alguien tiene que trabajar, ¿cierto? No podemos ir todos por la vida platicando tranquilamente. Mientras decía esto, volteó a verme y me guiñó un ojo.

II

Ahora que ya sabes quién paga la fiesta, a menos que tu sueño sea acabar como indigente durmiendo en el parque o como esclavo del sistema, sólo existe una opción. Todas las personas que trabajan conmigo son ricas. Yo enseño a pescar, no doy el pescado. No creo en los métodos tradicionales de espantar para controlar a las personas. La típica relación obrero-patronal es desgastante para ambas partes; muy cansado y aburrido ser empleado, frustrante ser jefe arriero de mulas.

Lo que nosotros hacemos es exactamente lo mismo que han hecho todos los comerciantes habidos y por haber. Desde épocas antiguas, en la ruta de la seda alrededor de China por ejemplo, el juego es el mismo, y es muy simple, como bien dice Jim Rogers. Comprar barato y vender caro, el problema es saber qué es barato y qué es caro, dónde comprar barato y dónde vender caro, o a quién comprarle barato y a quién venderle caro. Buscar oportunidades de comercio alrededor del mundo usando la mejor tecnología que se tenga en el momento, punto. En aquellos tiempos se tenían barcos y carruajes, ahora tenemos Internet e inteligencia artificial, pero el principio es el mismo. Además, es lo único que sabemos hacer los humanos para mantenernos con vida… el bendito comercio.

Somos hackers legales, buscamos fallas en el sistema, y mientras más robusto y complejo sea un sistema más fallas puedes encontrar. En física se llama ley de la inversa del cuadrado. Mientras más filtros de seguridad, más puntos débiles encontrarás. Aparentemente el sistema es más seguro con más candados, pero en el fondo cada candado añade vulnerabilidad. Es como un auto moderno con miles de componentes, computadoras, sensores y todo tipo de pequeñas piezas que pueden fallar en cualquier momento, y mientras más piezas tengas, mayor es la probabilidad de que alguna falle, claro está.

Lo único que necesitas hacer para explotar el sistema es montarte sobre sus eficiencias para sacar provecho de sus ineficiencias. La mayor ineficiencia de cualquier sistema es la falta de comunicación entre sus partes. Vivimos en un mundo de especialistas, ya no hay generalistas como Leonardo DaVinci, que era pintor, ingeniero e inventor, entre otras cosas. Incluso es mal visto y se utiliza como un término peyorativo ser un generalista, pero la perspectiva que te otorga el ver las cosas desde arriba es invaluable. A la mayoría de las personas los árboles no les dejan ver el bosque. Por eso uno de los campos más fértiles hoy en día es el big data. La información está ahí, y son billones de giga tera nano ultra bytes, pero ahora, ¿qué hacemos con todo eso? Si no eres Google o Amazon, ¿cómo sacarle provecho a esas pepitas de oro regadas por todo el planeta?

Sé que es un concepto difícil de entender, así que te pondré algunos ejemplos más sencillos. Supongamos que eres un capo de la droga que ya está aprovechando las pocas eficiencias del sistema mexicano, básicamente vías de comunicación y telecomunicaciones. Puedes mover tu mercancía sin problema y estar en comunicación permanente, porque la cobertura telefónica y de Internet es buena en México, contrario a lo que se piensa en el extranjero. Pero en algunas ocasiones la policía te detiene para inspeccionar tus vehículos y eso es un dolor de cabeza. Tú ya estás montado sobre dos eficiencias del sistema, las carreteras y la cobertura de telefonía móvil, y estás a punto de aprovecharte de la gran ineficiencia del sistema mexicano, la corrupción. Sabes que con ofrecerle dinero a la policía te dejarán pasar sin problema, e incluso si tu oferta es buena quizás hasta te brinden protección. Por otra parte, si no aceptan tu oferta, siempre puedes aplicar la ley de Escobar, plata o plomo, gracias a otra de las grandes ineficiencias del sistema mexicano. La policía no funciona, no sólo por la corrupción, sino porque los oficiales no están bien entrenados ni tienen buen armamento.

Ahora regresemos a los yunaited y asuntos más legales. La corrupción, al menos a nivel de calle, policía y funcionarios públicos de bajo rango, es mucho menor que en México. En general las eficiencias del sistema son mayores. La policía funciona, el sistema postal funciona, la educación funciona… todo eso funciona bien aquí, mucho mejor que en México al menos. Pareciera difícil explotar al sistema bajo esas circunstancias, ¿cierto? Nada más alejado de la realidad, el sistema está plagado de fallas, y lo mejor de todo es que no tienes que hacer nada ilegal para ganar un montón de dinero sin problemas. Puedes vender todo tipo de productos por Internet y sabes que llegarán a su destino sin contratiempos la mayoría de las veces. El comprador puede rastrear sus paquetes casi en tiempo real a través de la página de USPS, y los innumerables paquetes de Amazon que se entregan a diario, en buena cantidad de los hogares, se dejan en el porche de entrada aunque el comprador no esté en casa… impensable para México, ¿cierto? Los paquetes no durarían ni un minuto.

Pero eso no significa en absoluto que sea mejor así, pues a mayor cantidad de ineficiencias, como en México, mayores problemas por resolver. Y los problemas son dinero. Lo único que paga es el riesgo… la basura, hacer lo que otros no quieren hacer. Es por eso que los banqueros y ejecutivos de finanzas ganan mucho dinero, pero también los plomeros ganan mucho dinero aquí, porque nadie quiere ensuciarse las manos de mierda, y entonces a la lista podemos añadir mecánicos, doctores, pintores, abogados y un sinfín de profesiones bien pagadas. La razón es muy simple, no importa que se trate de tareas intelectuales o físicas, si son difíciles de entender o sucias, la gente preferirá pagar porque alguien más lo haga por ellos. Así funciona el comercio moderno, basado por completo en la ignorancia de los otros sobre tu especialidad y tu ignorancia sobre la especialización de los otros.

La gran maquinaria del mundo no podría soportar a tantos usuarios de no ser por la especialización y la ignorancia recíprocas, y eso crea grandes oportunidades para aquel que sabe, en palabras de Steve Jobs, conectar los puntos. Todavía existimos en el mundo un puñado de personas que no somos especialistas, sino generalistas, todólogos consumados, mil usos, rebeldes sin causa que nos rehusamos a apegarnos sólo a una disciplina. Seres curiosos por naturaleza que, por una u otra razón, hemos evadido la apabullante presión del sistema para segregarnos, dividiéndonos para que nadie sepa la fórmula secreta, solamente los de arriba de la pirámide, los iluminados, los jefes, los gigantes que mueven al mundo. Pero no me malinterpretes Artemio, no hay conspiración, todos podemos ser gigantes si nos lo proponemos, si empezamos a trepar nuestra pirámide personal saldremos eventualmente de la caverna platónica en la que nos encontramos, de una u otra forma. Alcanzaremos un punto más alto donde los árboles ya no estorben tanto a nuestra perspectiva del mundo y dejaremos de caminar en círculos al orientar nuestra brújula hacia puntos de referencia precisos. Te lo aseguro, lograrás salir del bosque encantado antes de que los perros te devoren.

Eso sí, deberás ser valiente y muy sagaz. Tendrás que entender que no se trata de dinero o poder, sino de tiempo y equilibrio. ¿De qué te sirve ser uno de los hombres más ricos del mundo si no controlas tu agenda y te separaste de tu mujer por no saber controlar tus instintos más primitivos? Estás en la misma posición, o peor, que la mayoría de las personas, porque al menos el típico ciudadano de a pie aún tiene a su media naranja para compartir la vida y no trae sobre sus hombros la presión de miles de familias que dependen de tus negocios para sobrevivir.

A primera vista, en México no se entiende el valor del tiempo, y por eso la gente lo desperdicia enviando memes y pornografía por WhatsApp, bromeando casi permanentemente con los amigos y compañeros de trabajo en vez de ponerse a trabajar. También es por eso que no se paga por hora como en Estados Unidos, no se entiende el verdadero valor del Dios Cronos, y cuando eso pasa se desperdicia el recurso, como hacíamos antes con el agua, creyendo que nunca se acabaría. Por supuesto los patrones se frustran con este comportamiento poco productivo de los empleados, al primer descuido ya están en el celular viendo tonterías o haciendo cualquier cosa menos trabajar. Pero, ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? En México se dice que el jefe hace como que paga y el empleado hace como que trabaja. El empresario no quiere pagar más porque el trabajador es flojo y el obrero no quiere trabajar más porque el patrón es tacaño y paga poco.

Esto se vuelve un círculo vicioso de lo más improductivo, y si le añadimos los sindicatos, sobornos gubernamentales e ineficiencias del sistema en general, no es de sorprender que buena parte de los empresarios prefieran cerrar sus empresas y mover su capital a otro lado. Y déjame decirte que aquí la situación es muy similar a lo que pasa del otro lado del río con los homeless, drogadictos, criminales, asesinos y demás parias de la sociedad. Podemos ir más allá, hasta el salón de clases y los niños “conflictivos”, en su mayoría diagnosticados con ADHD o pendejadas por el estilo. El único defecto de todas esas personas es ser humanos y no autómatas, como exige de nosotros la sociedad. Tener demasiado vivo aún el espíritu de cazador recolector de los ancestros, que nos impulsa a la aventura y a la libertad.

El mundo moderno nos obliga a escoger entre seguridad y libertad Artemio. La mayoría, claro está, escoge la seguridad, porque están cagados del miedo y quieren que el sistema los proteja, que el gobierno o un patrón les resuelvan la vida, sin darse cuenta de que esa figura como tal no existe, es una quimera, un delincuente que te cobra derecho de piso para protegerte del cártel rival. Todos estamos condenados, no hay salvación, la muerte vendrá y tendrá tus ojos. Por cobardía nos cegamos intencionalmente y creemos en el extorsionista, y le compramos todo lo que nos ofrece, porque ya no nos queda de otra, si no le damos lo que quiere nos mata. Se vuelve nuestro padrote y nos exige cada vez más, pues para él no somos nada más que un número, una renta jugosa que mientras siga produciendo, como una vaca dando leche, vale la pena mantenerla con vida, pero al primer indicio de sequía no se tentará el corazón en transformarla en bisteces.

Da lo mismo que tu padrote sea el gobierno, una corporación o un narcotraficante exigiéndote derecho de piso, el comportamiento de cártel despiadado está por doquier. Desde que los Médici decidieron regularizar sus negocios criminales en Florencia hace siglos, establecieron las bases del comercio y el orden mundial que tenemos hasta nuestros días. Como la usura estaba prohibida en esos días y el prestar con interés era uno de sus mejores negocios, tuvieron la genial idea de disfrazar el interés con el tipo de cambio entre monedas, lo que hoy se conoce como Forex o mercado de divisas. Desde ahí se volvió honorable la profesión del banquero, hasta entonces mal vista. ¿Sabías que se les llama banqueros porque, en efecto, los prestamistas judíos llevaban sus bancos a las plazas donde promovían sus servicios? Ahora no es muy diferente, tenemos el cártel del petróleo, cárteles de droga, corporativos, de gobierno, de farmacéuticas, de aseguradoras, de inversión, de tecnología… toda la estructura real de la sociedad está basada en la extorsión, ninguno de ellos debería exigirnos dinero, pero como alguien en algún momento se dejó intimidar y comenzó a pagarles por su “protección”, vieron que el negocio era bueno y, claro, ¿para qué sacrificar a una vaca que sigue dando leche?

¿Ves qué fácil es caer en las garras del miedo? Pero volvamos al tema principal, el tiempo, ese bien finito tan valioso, energía en potencia que se puede transformar a voluntad en grandes inventos, obras de arte, riqueza, logros personales o memes de Internet. Para el hombre inquieto, cuyo cazador interno sigue demasiado vivo, la rutina de cubículo gubernamental es demasiado frustrante, una pérdida de tiempo absoluta. No estamos diseñados para eso, y tampoco para estar sentados en un aburrido salón de clases escuchando la misma cantaleta una y otra vez. Mucho mejor estar allá afuera jugando a la pelota, pescando o haciendo cualquier otra cosa. ¿Quién, en su sano juicio, prefiere el pupitre y el cubículo? Seguro que hay unos cuantos frikis, pero te aseguro que no son la mayoría… y entonces, ¿por qué la mayoría está sometida?

Te lo voy a explicar, de hecho es muy simple, pero como bien sabes las cosas más simples son las que más se nos escapan, el pez no se da cuenta del agua que lo rodea, así como nosotros no percibimos el aire en el que nadamos día tras día. ¿Recuerdas la carta robada de Edgar Allan Poe? No hay mejor manera de ocultar algo que dejándolo a plena vista. Para la mentalidad de cártel que predomina hoy en día es muy importante una cosa: atemorizar. Si la gente no te tiene miedo tampoco te respeta, ningún cártel funcionaría adecuadamente sin el factor temor. Por eso es que los cárteles de la droga se esfuerzan por ser el más sanguinario posible, dejan colgadas cabezas en los puentes y descuartizan a sus víctimas poniéndoles encima mensajes intimidatorios con faltas de ortografía maravillosas. Si lo analizas bien, esas personas ya están muertas, lo mismo da que se les corte la cabeza y se cuelgue de un puente o se tire el cuerpo completo a la basura, en términos prácticos es lo mismo, pero el efecto intimidatorio que produce en la sociedad, en los adversarios y en los mismos integrantes del cártel, por supuesto que es mucho más intenso con la cabeza colgando de un puente.

El truco no es nuevo, la intención de las crucifixiones y los empalamientos era el mismo. El mensaje es muy sencillo para todos, si no le das al cártel lo que pide, la próxima cabeza que cuelgue de un puente será la tuya. Si no pagas tu derecho de piso, si andas de soplón con la policía, si no entregas completa la cuenta de lo que se vendió o si te atreves a desafiar al grupo rival el resultado será el mismo. Nos parece muy salvaje porque nos dejamos impresionar por esas imágenes sensacionalistas de las noticias, pero lo que hacen otros cárteles es tal vez peor. El cártel del gobierno mata en vida a las personas, si no obtiene sus impuestos te amenaza con encarcelarte. El cártel médico te envenena desde pequeño con todo tipo de artimañas, la comida, las vacunas, y después te vende la cura mágica por cientos de miles de dólares, al más puro estilo americano de los hacedores de guerras que, después del bombardeo, ya tienen listos sus tenderetes para ofrecer financiamiento y que puedan reconstruir los países lo que tú mismo acabas de destruir. El cártel financiero te come en vida con intereses sobre intereses, aprovechándose de que no dimensionas el interés compuesto. Todo está monetizado y enlazado entre sí. El gobierno crea leyes para beneficiar a otros cárteles, por ejemplo el de los seguros, haciendo obligatorios algunos de ellos. Ninguno de esos grupos se tientan el corazón porque ya nadie ve a las personas como personas, sólo somos entradas en una base de datos gigantesca, pequeños dígitos en el inmenso mar del monstruoso big data.

Pero aquí viene el giro de tuerca importante para nosotros Artemio, ¿de dónde salieron esos monstruos? ¿vinieron los anunnakis a dejarlos como jefes del mundo? Lo dudo mucho, son gente como tú y como yo, rebeldes, hackers, criminales en potencia o en recuperación que decidieron tomar el rumbo de los Médici e irse por el camino de la legalidad, aprovechando las fallas del sistema, estando siempre al límite sí, pero un poco más adentro que afuera, porque todo lo que no está prohibido está permitido, ¿cierto? La sociedad nos odia y nos necesita al mismo tiempo, el sistema nos busca, trata de aniquilarnos porque sabe que una pequeña llama puede provocar un incendio, pero también sabe que sin nosotros, los nuevos brujos, los empresarios, los locos aventureros de siempre, el mundo se estancaría. Para los pocos que sobrevivimos la intensa cacería de brujas, escondiéndose in the woods al más puro estilo de los cuentos populares recopilados por los hermanos Grimm, literalmente, el futuro es promisorio.

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